Eventualmente a todas nos toca calzarnos

3 Apr

«Para amarteee… Necesito una razón, y es difícil creer que no exista una más que este amooor» No sé ustedes, pero yo coreé esa canción a todo pulmón hasta el cansancio cuando tenía trece o catorce años  ¿Y cómo no? Estaba descubriendo que había un mundo más allá de las muñecas y las tizas de colores, que empezaba a dejar los juegos de niños y quería comenzar a jugar los juegos de la gente grande.

 

Hace poco fui al concierto de Shakira y obtuve opiniones muy contrapuestas de todas las mujeres a las que se lo comenté, y que quisiera compartirlas con ustedes, mis mujeres del siglo XXI. Sé que ustedes también tienen una opinión.

 

En aquella época la chica de la guitarra y los pies descalzos, que contaba de un lugar en donde lo que no se quiere se mata, era todo lo que yo quería ser en la vida, eso y la esposa de algún BackStreet Boy  –Oh, por Dios, menos mal que uno crece y aspira más de la vida-. La cuestión es que esta colombiana pop que además se lanzaba unos semi-raps/trabalenguas era la artista de calidad familiar por excelencia, perfecta para ir de viaje de carretera;  «¡Qué muchacha tan decente!» decía cualquier mamá.

 

Fue agarrando fama y fama hasta que se la llevó Pepsi , ahí mucha gente comenzó a decir que «ya nos iban a dañar a la niña», e incluso llegó a rayar en lo nulo cuando confirmamos que había perdido su virginidad al comenzar a cantar underneath your clothes. Pero cuando todas mis amigas retomaron la atención en la ahora catira fue para decir que se había vuelto loca en esos días que comenzó a aullar, luego pasaría de loba a loca declarada. «¡Qué ganas! no puede ser que Shakira haya perdido su escencia, su mensaje, sus raíces…. Hasta aquí llegó mi respeto por ella» escuché decir a más de una, y me lo repitieron mucho en estos últimos días. Cabe destacar que todas ellas tienen lo último de Sharika en sus iPods.

 

¡Y yo les quiero decir que no estoy de acuerdo! Que he tenido esta discusión semana tras semana, escuchando diferentes argumentos de por qué sí o por qué no, y he desembocado  en mi propia conclusión lo que ha sido la evolución de la artista ídolo de una generación de venezolanas y colombianas. Concluí que no fue que Shaki le vendió su alma al diablo, ni a Unicef, ni a la prostitución. Lo que verdaderamente pasó fue que, como cualquier mujer, creció.

 

Sus primeras letras eran canciones de primeros amores, de esperanza en el mundo y de metidas de pata, que luego fueron evolucionando con el paso de unos robos y un par de corazones rotos, incluso llegó a decirnos con amargura que no se puede vivir con tanto veneno, que pesa más la rabia que el cemento. ¡Pero tenía que hacer otras cosas! Ya no tiene diecisiete años  como para estar cantando de pajaritos y abejitas, es una mujer hecha y derecha, una  artista madura que puede permitirse hacer lo que quiera con su carrera siempre que se sienta cómoda consigo misma -ojo, dije «puede», no «debe»-.

 

En esta nueva etapa se dejó de pudores y sacó su lado más divertido, femenino y pachangoso, y claro, en el borde de los treinta es cuando te das cuenta de que es ahora o nunca. Estoy de acuerdo con que el video de la loba pudo haber sido mucho menos, ehh, explícito, pero más bien a mis veinticuatro años me la tripeo sin pensar que perdió su esencia y me quito el sombrero por tener la personalidad de hacerlo. Después de todo sigue siendo un ícono femenino, ayudando a fundaciones, bailando danza árabe y usando pantalones de cuero, e incluso versiona la mayoría de sus canciones en el escenario para que suenen a las de los viejos tiempos.

 

Y por supuesto, todo esto me ha llevado a pensar en el por qué tanta gente me preguntó que por qué iría al concierto de Shakira –gente que canta estas canciones alegres en la privacidad de la cola-. Creo que hay muchas mujeres jóvenes que aún se aferran a su adolescencia con esa idea del príncipe azul antes de los treinta, y que no han descubierto la magia de ser una mujer en la mitad de sus veintes en nuestros días. Nenas, nadie más que ustedes mismas se están juzgando y dejan de hacer las cosas, y ojo, no estoy diciendo que por estar madurando te tienes que convertir en una rabiosa, pero si sientes que es lo que quieres hacer no hay nada que las detenga. El límite nos lo ponemos nosotras mismas cuando no aceptamos lo que Shakira nos ha demostrado con su trayectoria profesional: autoconfianza.

One Response to “Eventualmente a todas nos toca calzarnos”

  1. Marcos April 4, 2011 at 5:15 am #

    Te concedo lo de la autoconfianza, pero no entro a valorar qué fue lo que le pasó ni por qué cambió.

    Sólo te puedo decir cómo la veía y la veo yo:
    Antes, Shakira me parecía bonita y su música, realmente buena.
    Ahora, Shakira está espectacular, pero la música no sirve.

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