Archive | July, 2011

Entre mujeres y futbol… tips

29 Jul

Por Amanda Quintero (@amandaisabel87)

Los recientes días de campeonato futbolístico han servido de muchas cosas: elemento esperanzador, prueba de que se pueden alcanzar nuevas metas y también para romper paradigmas; pero sobre todo, para que hombres y mujeres de un continente entero se reúnan frente a una misma pantalla a apoyar a sus respectivas selecciones, cada uno deseando con todas sus fuerzas hacerse merecedor de la copa. Además, me sirvió para observar los garrafales desaciertos de muchas mujeres a la hora de ver el futbol en comunidad y que una mujer del siglo XXI no puede permitirse cometer.

Debemos comenzar por establecer una premisa central: el futbol es un deporte de testosterona, una oportunidad para que hasta el más enclenque de los varones se sienta «macho de pelo en pecho» frente a sus compañeros, es su momento para compartir entre hombres y esa naturaleza debe ser respetada. Dando esto por sentado, listemos algunos errores:

  1. Hacer preguntas sobre los uniformes. Yo sé que la moda rige buena parte de nuestro pensamiento y que tenemos la capacidad de reconocer más colores que Photoshop CS5, pero comentarlos en público suele traer una ola de chalequeos o, en el peor de los casos, la etiqueta de «cotufa».  Pregúntalo de manera individual o coméntalo con otra de las chicas presentes.
  2.  Intentar leer en voz alta los apellidos complicados en momentos importantes. « ¿Estiba-qué?» A todas nos da curiosidad cómo es que nunca se aprendieron una fecha en historia pero se aprenden estos nombres, la posición que juegan y en qué equipos han estado, pero es así. Recomendación: espera a que estén pasando la repetición para preguntar la pronunciación correcta.
  3. Defender al equipo contrario. Si estás en un lugar en el que todos apoyan a un solo equipo y no eres gran conocedora del deporte, recuerda que en ese contexto lo importante no es la justicia ni tampoco la mera participación, lo importante es el sentido de gremio generado al apoyar a un mismo equipo.
  4. Preguntar por jugadores que no están en el partido. Recordemos que existen decenas de copas, torneos, campeonatos y muchos de los jugadores van y vienen de continente. Es por eso que es recomendable estar segura de qué equipos juegan y más importante aún, en qué copa están, así no preguntarás por Messi en un partido España vs. Portugal.
  5. Preguntar cuál equipo es mejor. Este comentario es considerado ofensivo por la tolda masculina; como ya hemos dicho lo importante no es la competencia, sino apoyar al equipo hasta el final.
  6. Cuidado con los gritos. Es importante y altamente recomendable que te hagas parte de la dinámica, te emociones y grites con pasión, pero ojo, trata de que esos gritos no suenen como si el señor del sombrero te ha sorprendido alegremente. En otras palabras, ninguno de tus «ou» debe combinar con «ra-ta-tá».

 

Por último y más importante de todos:

7. Decir la frase «Mi amor, me estoy haciendo pipí ¿me acompañas al bañó?». ¡No, no, no! Suicidio total usar estas palabras fuera del medio tiempo, dile a una amiga que te acompañe, por el bien de tu relación con él y con sus amigos.

No pretendo deciros que ninguna mujer sabe de futbol, que es machista ni mucho menos. Sólo comparto con aquellas que, como yo, no son amantes pero disfrutan de ir a ver un juego en compañía algunos tips generales que sirven para esta Copa y cualquier otra, porque eso de que «qué fastidio ver el futbol con mujeres» es cosa del siglo pasado.

Les dejo esta simpática guía simple de futbol para mujeres.

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Guía de la Buena Esposa

26 Jul

¡No! No nos volvimos locas ni nos hackearon el blog. Simplemente encontramos esta “Guía de la Buena Esposa” y quisimos compartirlo con ustedes y saber si opinión. Esto realmente existió y era distribuida en 1953 entre las mujeres españolas que realizaban el Servicio Social en la Sección Femenina. Disfrútenlo.

El Show de la Splenda

22 Jul

Por Amanda Quintero (@AmandaIsabel87) .- En la era donde lo light, las costillas a la vista y el slim fit están de moda no podía faltar un elemento insignia de quienes viven a dieta: la Splenda. Este popular endulzante, pensado inicialmente para personas que sufren de diabetes, no es simplemente un truco secreto que usan las mujeres del siglo XXI para evitar las calorías del azúcar; él se ha convertido en un protocolo, una parafernalia, un elemento generador de placer y drama femenino: un show. Observemos.

Podría perfectamente llamarse “I can’t believe it’s not sugar” o simplemente edulcorante, mas le han puesto un nombre espléndidamente dirigido a un público femenino y de gustos estilizados: Splenda que suena como a Splendid –de espléndido en inglés-, ¿no?

Además, la Splenda no se sirve como el vulgar azúcar, en un tarro y con una cucharilla, ella viene en dispositivos elaborados o sobres estilizados en colores pasteles, fáciles de portar e ideales para llevar en la cartera. En polvillo de rápida disolución o en pastillitas, el proceso de servido pide a gritos ser notorio. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Existen dos tipos de consumidoras de Splenda –a parte de quienes efectivamente sufren de diabetes-: la fiel consumidora y su amiga come casquillo. La primera es la que llega a la cafetería y pregunta antes de ordenar que si hay Splenda, y de no haber le hace saber a todo el local que « ¿cómo es posible que no la tengan?», y más vale que quien la atienda no ahonde en sugerir azúcar como sustituto, porque de seguro recibirá un « ¡¿Qué?! ¿Te volviste loc@? Eso es lo que toman las gordas»; ella es la Splenda-freak, y por supuesto ella ordena primero. El segundo espécimen es la amiga que la acompaña, la Splenda-follower; a ella no le molestan las calorías del azúcar pero sin embargo no puede permitir que la Splenda-freak la llame «gorda» en público, así que le sigue la corriente y lo pide «con Splenda también, por favor».

Y está bien, quién no quiere ahorrarse unas calorías diarias en el café/té de media tarde, pero existe un tercer nivel para el show de la Splenda, el de los productos dietéticos endulzados con Splenda. Estos productos suelen ser insufriblemente dulces, o tristemente sintéticos, y sin embargo las Splenda-freaks los piden siempre que estén claramente identificados como productos ligeros. Y es que lo importante de este tercer nivel no es que te lo comas y te guste, sino que la gente te vea y se entere de que te lo comiste «Maritza, ayer me comí un dulce sin carbohidratos y sin azúcar» y «Dale, chama, es endulzado con Splenda» están en orden.

Pero ojo, Splenda-freak, está bien usar este endulzante para dietas puntuales tipo «me quiero quitar tres kilos» o algo por el estilo, pero no es un producto saludable para el consumo diario. Es divertido el show pero no vale la pena perder tu salud por ello, ¡hay muchos más dramas femeninos con los que nos podemos entretener! ¡Cuídate!

Hormonas, una realidad

19 Jul

Por Laura Solórzano (@LauSolorzano)

Hormonas: Se refiere a aquel extraño elemento que una vez al mes nos transforma en seres detestables, bien porque lloramos sin motivo o bien porque nos molestamos hasta porque el sol sale. Durante años hombres y mujeres de todo el planeta han sufrido estos males -mujeres porque lo padecemos y hombres porque no lo entiende.

Aclarado el término, no nos queda de otra más que decirles qué pasa con este tema de las hormonas. Recientemente me encontré metida en ese mundo de hormonas y nunca me tocó enfrentarlo de esta manera. Todo me daba ganas de llorar, no sé por qué, pero yo lloraba. Le escribí a mi mejor amigo, sí tengo uno y no como los del artículo de Amanda y comencé a darme cuenta que las hormonas sólo alteran nuestra locura, así que ahora les enumeraré los tipos de hormonas y sus efectos:

1.- Maggie Simpson sin chupon: No sé si recuerdan que cada vez que a Maggie le quitaban el chupon lloraba descontrolada y sin motivo alguno. Eso es más o menos lo que nos pasa aquellos días del mes en los que sin motivo aparente comenzamos a llorar. Es como si nos quitaran un chupon imaginario y las lágrimas brotaran de nuestros ojos. Solución: Ninguna, puedes regalarle un chocolate, pero sólo si no está a dieta, porque si está llorará. Lo mejor es estar ahí y ya. Consejo: Trata de  no hablar mucho.

2.- Stewie Griffin: ¿Lo conoces? ¡Deberían! Él es uno de los personajes de Family Guy y es conocido por estar lleno de odio contra el mundo. De repente eres la mujer más tranquila y pacífica del planeta y unos días después justo cuando llega tu amiga mensual te das cuenta que estás planificando cómo volar el escritorio de la asistente del jefe sólo porque no te dijo “”buenos días” con una sonrisa. Solución: evitar hacer esas cosas que en estado normal la molesta. Consejo: No le reclames nada, probablemente unos días después lo olvide.

3. Katty Ka-Boom: De todas esta es la más peligrosa, este tipo de hormona se encrusta en el cerebro de la mujer afectada y la convierte en el tipo “bipo”, es decir, bipolar. Ella puede que llore, se ría y esté feliz y un segundo después sinn ningún motivo comenzará a estallar y gritarte o presionarte sin que tu o los que estén a su alrededor lo entiendan. No hay absolutamente nada que puedas hacer, pero nada. Mejor ni te damos un consejo, sólo quiérelas.

Muy poco le escribo a los hombres, pero hoy es una “guía” para que tengan una idea, créanme que mis amigos no la tuvieron fácil esos días de “hormonas”.

¿Qué tiene que ver esto con las mujeres del Siglo XXI? Fácil, que sabemos de su existencia y tratamos de controlar nuestra locura máxima durante esos días. Sin embargo, como todo, puede que ser posible porque somos mujeres y tenemos hormonas.

Hombre Calamar

14 Jul

Por Beatríz “Batita” González (@Batita_González) .- Creo que todos podemos ser desdoblados en algún animal que posea al menos una característica que nos identifique, y creo además que en mis pocos años en el complicado mundo de las relaciones he acumulado bastantes ‘’animales’’ como para ir armando mi propio zoológico o mi propio libro de ‘’fauna silvestre’’. Es verdad, y no es una idea descabellada.

 Me explico; he tenido hombres fríos como peces, escurridizos como serpientes, vanidosos y vagos como loes leones, sabihondos y quejumbrosos como los búhos, cariñosos como los osos, fieles como los perros, astutos como los gatos…en fin, he tenido de casi todos los tipos de hombres-animales que existen, hasta ahora… que ha llegado un espécimen rarísimo y que me ha costado Dios y su ayuda para calificar.

 El hombre calamar.

 Anda, que es en serio, no se rían… sé que suena a locura, pero cuando les narre del hombre calamar todas pondrán cara de ‘’Te entiendo perfectamente, yo también he salido con un calamar’’.

 Este hombre tiene un montón de manos, pero para nada es un pulpo… que va, las manos de este hombre no andan por ahí ‘’metiendo mano’’, no no… las manos de este hombre están en muchos lados para no estar en ninguno, sin contar que tiene siempre una mano en el bolsillo, una mano oculta que no muestra y que no da, una mano que no se atreve siquiera a tender.

 El tema es que el hombre calamar se caracteriza porque no quiere darlo todo.

 Y lo peor no es el cuento de las manos, no, para nada. Lo peor es que este hombre escupe tinta, sí así mismo. Escupe tinta.

 Vamos a llamar al hombre calamar como el pulpo Paul, el del mundial 2010. Paul está lleno de palabras, de frases, de citas. Paul no se calla nunca, siempre tiene algo que decir –normalmente irrelevante, o prefabricado, del tipo ‘’lo que ellas quieren oír’’-

 Cuando Paul y yo estamos juntos él empieza a hablar y todo se llena de tinta, una tinta que nubla la vista y los sentidos, una tinta que penetra por los poros y droga. Una tinta que me impide ver más allá de mí y de Paul.

 Pero claro, es porque toda la tinta es la maniobra de despiste de Paul. Es su salvoconducto emocional, es su ‘’no voy a invertir emocionalmente en algo que aún no sé si va a funcionar’’.

 Paul como los calamares utiliza la tinta para enturbiar el ambiente, y todo lo resuelve con un ‘’vale’’ o con un beso si se le acaban las frases.

 Y es inquieto, además. Se levanta de la cama, camina por el cuarto, mira por la ventana, cambia la radio, habla, habla, se mueve, va y viene. Siempre está en movimiento, siempre anda apurado. Siempre tiene algo más que hacer.

 Y es verdad que Paul no vive en este estanque, y que a mi eso no me importa. Lo único que quiero es saber que tipo de hombre-animal es Paul y decirle que no bote tanta tinta, que me arden los ojos de abrirlos en el agua sucia para ver si puedo mirarlo a los ojos.

 Así que, este es mi hombre calamar, y me gusta –a pesar de- Ustedes, ¿tienen algún hombre-animal //mujer-animal sobre la cuál contarme?.

Curvas vs. Slim Fit: la batalla comienza

11 Jul

Por Amanda Quintero (@amandaIsabel87) .- ¡¿Qué es lo que pasa con el siglo XXI y el slim fit?! Este bendito elemento de marketing es el nuevo Karma de las mujeres latinas y, en mi opinión, puede causar severos trastornos en las primeras generaciones de mujeres del siglo XXI.

No podemos negar que las bondades de la industrialización textil -europea y americana- han permitido que se produzcan cantidades absurdas de ropa fashion a costos ridículos, que permiten que cualquiera de nosotras pueda comprarse algo nuevo para cualquier salidita/boda/graduación o simplemente porque nos gustó; y digo ridículas porque de hace 100 años para atrás la gente heredaba la ropa y la usaba por generaciones. Sin embargo, esta tecnología caucásica no es del todo una ventaja en estas tierras voluptuosas.

Antes, mujeres de todas las edades podían llegar a cualquier tienda, pedir su talla y simplemente fijarse en los pequeños detalles de la compra: «Mmmh no, esta costura me resalta este rollito», «Sí, me hace ver como si tuviese las lolas más grandes», entre muchas otras. Con el bendito slim fit al asecho todo se ha vuelto más complicado: ahora llegas a una tienda de pantalones, agarras tu talla normal y cuando estás en el probador ¡el pantalón se te queda en la rodilla! En ese momento sientes frío en los deditos de los pies y una depresión súbita se apodera de ti, «estoy hecha una vaca», es lo primero que piensas. Pero luego, te lo quitas y lo ves bien, miras la etiqueta y reconoces las ya mencionadas palabras, diseñadas para cuerpos que no viven acá: slim fit. Y sin más abres el probador, sonriendo para disimular la pena, y le dices a la chica que te atiende: disculpa, ¿me lo traes en una talla más grande, por favor?

Es así como terminamos conviviendo con pantalones apretados en las caderas y sueltos en la cintura, con faldas que se suben eternamente porque no están diseñadas para la presencia de pompas al estilo J-Lo, y con camisitas que –aunque no exigen 400 cc de relleno por ser slim fit– se deforman en las caderas.

Y todo esto puede causar una enorme presión en las chicas más interesadas en vestir al último grito de la moda. La ropa que llega a Latinoamérica, aunado con la gran influencia televisiva y cinematográfica de los estándares de belleza, continúan enviando a más y más mujeres al quirófano.

Pero quiero decirles, queridas lectoras, mujeres sensatas y con ganas de dejar atrás los paradigmas del siglo pasado ¡no hay necesidad de echarse cuchillo parejo para caber en el slim fit! Si lo vas a hacer porque así te sentirás más cómoda contigo misma, bien, pero que no sea para caber en una ropa que no fue diseñada para ti, no tienes que reacomodar tu cuerpo simplemente porque las políticas económicas del último siglo no han permitido que se desarrolle una industria textil que entienda nuestros cuerpos.

Siempre que me pasa algo como esto recuerdo la célebre frase de Joey en Friends: I’m curvy and I like it!

Mujeres del siglo XX y su uso de la tecnología del siglo XXI

7 Jul

Por Laura Solórzano (@LauSolorzano) – “Tecnología divino tesoro, llegaste para hacerme feliz y al mismo tiempo infeliz”.

Hace unas semanas mi amiga Merce y la pequeña Dayana me dieron una idea genial, me escribieron por estos aparaticos tecnológicos y me dijeron: Lau, ¿Por qué no escribes sobre #MeCambioElNickPorSiMeLees? Evidentemente ya aquí hay dos o tres herramientas tecnológicas, entre el Twitter y el BlackBerry y lo que pones en Facebook me puse a pensar: “Cónchale chica, como que es verdad, hasta yo lo he hecho”. Así que me monté una observación a lo NatGeo a ver qué cosas podía sacar. Claro, yo también fui parte de la observación en diferentes planos.Y no, esto no se trata de lo difícil de montar cachos o perderse hoy en día, es otra cosa, siga leyendo.

De dicha investigación comencé a notar los tipos de mujeres, pensando que se podía hacer una división de personalidades, saben que amo las listas. Sin embargo, y para mi poca sorpresa me fue dificilísimo pues resulta que sin importar edad, raza, educación si tienes algo que cambiar para que ese ser te lea, entonces lo harás. Vale acotar que esto es válido para todo aquello que se pueda cambiar, inclusive tu nick del Gchat del trabajo aunque sólo tu lo veas (claro, él tiene que estar conectado ahí). Ahora bien, lo que sí noté fue lo siguiente:

1.- Si tu dejaste al tipo entonces tus nicks en todas estas redes (sociales y no) que mencioné antes cambiarán para decir: “Estoy feliz”, “amanecí excelente”, “Qué fin de semana tan bueno”, “noche de mojitos” y cosas así por el estilo. (Cuando yo terminaba con mis novios estas cosas sólo se hacían en msn, imagínense lo que hemos evolucionado).

2. Si él te cortó, se fue con la MM o con la MMC o una combinación de ambas tú: “No hace falta el que se fue”, “recordando momentos mágicos”, “#NowPlaying Vuelve de Ricky Martin”, “RT a todo lo que @Cuaimatizadas diga”. Y por supuesto para darte la dosis de “auto-autoestima” te escribirás cosas como: “lo que no mata fortalece”, “Soy más feliz sola” Y ese tipo de cosas que en el fondo -no tan profundo- sabemos que son pura porquería y que se lo estamos diciendo a “él” para que crea que estamos bien.

3. Si te enteraste que se fue de fin de semana con la nueva: “reflexionando sobre los errores del pasado”, “sanando el corazón para comenzar de nuevo”, “Quién se anota en @elteatrobar hoy?”, “depresiónModeOn” y en FB postearás cualquier cosa cursi que se te pase por delante.

4. Fotos, queridísimas fotos; evidentemente eso no tiene que ver con ninguna situación en específico, pero sea cual sea te pondrás las mejores fotos hasta en el portaretratos de tu cuarto (sólo por si te lo consigues camino a tu casa y terminan en la misma cama). Todo esto con la intensión de que él vea y sienta e internalice que “tu estás bien”, aunque sea falso.

En fin, mientras terminaba de escribir esto comencé a pensar ¿Por qué nos damos tan mala vida por los hombres y el tema de “decir pero sin decir para que ellos entiendan lo que ni nosotras mismas sabemos decir”. La verdad nunca le he preguntado a mis amigos si “leen los nicks o comentarios de sus ex (inserte aquí la palabra que le suene menos fea) o si se mortifican por ello -a menos que la quieran y eso lo sé-“. Probablemente, y lean bien PROBABLEMENTE el 80% de los hombres ni note que cambiamos de nick, status o tweet, no son siquiera capaces de notar un cambio de color de pelo.

Yo también he estado en este paquete, y soy amante de la tecnología y comencé a notar el mal uso femenino que le daba. Así que pensaré tres veces antes de actalizar algo pensando en “espero que fulanito me lea”. No digo con esto que las mujeres del siglo XXI no lo hacemos, claro que lo hacemos, la diferencia -como siempre- es estar conscientes de que lo hacemos y aceptarlo. Como dice Merce: “Muy mujeres del Siglo XXI, pero seguimos siendo eso: MUJERES”.

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