Hombre Calamar

14 Jul

Por Beatríz “Batita” González (@Batita_González) .- Creo que todos podemos ser desdoblados en algún animal que posea al menos una característica que nos identifique, y creo además que en mis pocos años en el complicado mundo de las relaciones he acumulado bastantes ‘’animales’’ como para ir armando mi propio zoológico o mi propio libro de ‘’fauna silvestre’’. Es verdad, y no es una idea descabellada.

 Me explico; he tenido hombres fríos como peces, escurridizos como serpientes, vanidosos y vagos como loes leones, sabihondos y quejumbrosos como los búhos, cariñosos como los osos, fieles como los perros, astutos como los gatos…en fin, he tenido de casi todos los tipos de hombres-animales que existen, hasta ahora… que ha llegado un espécimen rarísimo y que me ha costado Dios y su ayuda para calificar.

 El hombre calamar.

 Anda, que es en serio, no se rían… sé que suena a locura, pero cuando les narre del hombre calamar todas pondrán cara de ‘’Te entiendo perfectamente, yo también he salido con un calamar’’.

 Este hombre tiene un montón de manos, pero para nada es un pulpo… que va, las manos de este hombre no andan por ahí ‘’metiendo mano’’, no no… las manos de este hombre están en muchos lados para no estar en ninguno, sin contar que tiene siempre una mano en el bolsillo, una mano oculta que no muestra y que no da, una mano que no se atreve siquiera a tender.

 El tema es que el hombre calamar se caracteriza porque no quiere darlo todo.

 Y lo peor no es el cuento de las manos, no, para nada. Lo peor es que este hombre escupe tinta, sí así mismo. Escupe tinta.

 Vamos a llamar al hombre calamar como el pulpo Paul, el del mundial 2010. Paul está lleno de palabras, de frases, de citas. Paul no se calla nunca, siempre tiene algo que decir –normalmente irrelevante, o prefabricado, del tipo ‘’lo que ellas quieren oír’’-

 Cuando Paul y yo estamos juntos él empieza a hablar y todo se llena de tinta, una tinta que nubla la vista y los sentidos, una tinta que penetra por los poros y droga. Una tinta que me impide ver más allá de mí y de Paul.

 Pero claro, es porque toda la tinta es la maniobra de despiste de Paul. Es su salvoconducto emocional, es su ‘’no voy a invertir emocionalmente en algo que aún no sé si va a funcionar’’.

 Paul como los calamares utiliza la tinta para enturbiar el ambiente, y todo lo resuelve con un ‘’vale’’ o con un beso si se le acaban las frases.

 Y es inquieto, además. Se levanta de la cama, camina por el cuarto, mira por la ventana, cambia la radio, habla, habla, se mueve, va y viene. Siempre está en movimiento, siempre anda apurado. Siempre tiene algo más que hacer.

 Y es verdad que Paul no vive en este estanque, y que a mi eso no me importa. Lo único que quiero es saber que tipo de hombre-animal es Paul y decirle que no bote tanta tinta, que me arden los ojos de abrirlos en el agua sucia para ver si puedo mirarlo a los ojos.

 Así que, este es mi hombre calamar, y me gusta –a pesar de- Ustedes, ¿tienen algún hombre-animal //mujer-animal sobre la cuál contarme?.

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