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5 reglas que una mujer puede/debe romper en esta época

16 Aug

Por Laura Solórzano (@LauSolorzano)

Conversando con mis amigas sobre qué tema podía tratar en mi próximo post me comenzó a surgir la idea de esas reglas absurdas que por los siglos de los siglos (amén) hemos cumplido como si nuestra vida dependiera de ello. La verdad es que sí, hay unas cuantas reglas que pues debes cumplir, digamos no matarás (ni te matarás) es una de ellas, pero vale tenemos un montón de otras que cuando las analizas bien son hasta absurdas.

Pensando en el tema de las reglas comencé a descubrir que a lo largo de la historia (por lo menos desde que la estudio) la mayoría de las reglas deben ser cumplidas por las mujeres por aquello de “la sociedad”. Así que recordé un ensayo que hice en la universidad sobre una comparación entre el Siglo 21 y el Siglo  XVI (siglo del renacimiento), todo esto me llevó a plasmarles aquí 5 reglas. Comencemos.

  1. Tacones ¿Para qué?: A pesar de que a muchas les encante andar en tacones, bien sea por formalidad, por amor, por trabajo, lo cierto es que suelen ser incómodos (y no me digan que no). Antes se acostumbraba al ir a una fiesta que los tacones era lo último que una mujer se podía quitar, perdía la elegancia, el glamour. Olvídense de eso, lo mejor que pueden hacer es verse bellas en tacones las primeras dos horas (yo sólo aguanto una) y después de ahí sacar el arma secreta: unas sandalias chatas plateadas o que combinen con el vestido.  Al día siguiente estarán como nuevas. Admeás creo que los tacones tienen su momento.
  2. Los colores ¿Cuáles?: Salvo la regla de que para una boda o quince años no te puedes vestir de blanco porque opacas a la novia, me parece que todas las demás reglas se deben romper. Aquello de “colores de día”, “colores de noche” es un invento de algún diseñador de moda, pero ya que estamos en algo parecido al renacimiento donde todo está permitido y donde comenzamos a renovarnos está permitido ser creativas. Mi color es el rojo y créanme que a donde voy llevo conmigo algo rojo.
  3. Hombres ¿Cuándo?: Esta regla la rompieron nuestras mamás, probablemente no nuestras abuelas, pero sí con nuestras mamás y la liberación femenina, la píldora anticonceptiva y demás comenzaron a generar una grita en esta norma, aquella de “debes llegar virgen al matrimonio”. Digo, que si son felices y les provoca pues adelante, eso sí a cuidarse porque el mundo está sobre poblado de niños “metidas de patas”.
  4. Ropa ¿Ponerme eso?: El mundo ha cambiado y con él la moda. Chama, déjate de rollos y ponte lo que te dé la gana, cómprate esos pantalones que se usan para hacer Yoga y póntelos para ir al cine, guarda los lentes aburridos y compra los divertidos que te hacen feliz. Ser mujer del siglo 21 implica descubrir lo que eres, cómo eres y saber que todo eso se proyecta. Así que la próxima vez que estés en una tienda COMPRA lo que quieras sin pensar en “Susanita qué dirá sobre esto”. Ya el mundo se encarga de generar fábricas de mujeres, no comencemos nosotras a crearlas también.
  5. Dieta ¿Con qué se come eso?: A ver, aquí no quiero que entremos en polémicas; yo misma estoy “haciendo” dieta en este momento y es que esa dieta consiste en comer sano y balanceado, pero también consiste en sentarme en Ávila Burger y pedir una hamburguesa, comer chocolate, etc., pero también hacer ejercicios. En muchas épocas y culturas se ha creído que la mujer es más bella gorda o flaca. La verdad es que la belleza en esta época va de la mano con sentirte feliz contigo. No importa si eres una MMC o una MM o sencillamente si estés preparándote para casarte, lo  importante del asunto es que te sientas sana y feliz.

Justo ahora comienzan a ocurrírseme más de estas, pero quiero escucharlas a ustedes ¿Qué regla puedes romper en esta época?

Neuronas de más. ¿Gramos, de menos?

5 Aug

Por Beatriz González (@batita_gonzalez)

Ellen West escribió un día en su diario: ‘’Dos cosas me torturan, el hambre y el miedo a engordar’’.

¡Vaya frase!

Ella, como tantas mujeres sucumbió ante la imagen que nos venden las revistas, ante lo rostros de mujeres altas como Secuoyas y flacas como espárragos. Ella cayó víctima de los estereotipos que los medios, Hollywood y los concursos de belleza nos venden a tres por mil.

Y creo que de verdad entre tanta dieta, que si la Atkings, la de los puntos, la del té chino, entre tantos gimnasios, tanta acupuntura y tanta mesoterapia hay algo que nos está fallando.

¿Qué pasó con la bonita costumbre de querernos y aceptarnos como somos? ¿A dónde se fueron las campañas en las que veíamos mujeres saludables y felices? ¿Es que acaso estar más cerca de la ‘’gordita simpática’’ que de la ‘’femme fatal’’ genera menos derechos?

Pues yo creo que es hora de revisar si debajo de todo el photoshop, las liposucciones, las horas de gimnasio, y todas esas cosas que hacen las modelos y artistas para verse ‘’así de bien’’ se esconden mujeres felices, conformes y satisfechas con ellas mismas.

De verdad que es algo bastante injusto saben, una aquí matándose de hambre, contando las calorías, esmerándose para tener ‘’ tallas y gramos de menos’’ y a todas esas mujeres que consideramos ‘’cuerpos perfectos’’ les retocan las fotos. Irónico, ¿no?

Nos empeñamos tanto en ser algo que no somos, y descuidamos eso que si podemos mejorar, andamos torturándonos para entrar en un vestido talla cero, en vez de agradecer que tenemos un cuerpo que está sano y que funciona.

Y vamos, pueden llamarme alarmista, pero yo creo que es mejor tener un cuerpo saludable, adecuado en peso y estatura, proporcionado. Creo en alimentarse bien, en tener neuronas de más en vez de gramos de menos.

Aplaudo muchísimo que hayan iniciativas para que nosotras estemos cada vez más cómodas en nuestra propia piel, más no creo que supeditar nuestra vida al peso que tenemos sea lo que nos haga más felices.

Por último, te invito a abrazar tu feminidad. Sí, sin complejos, que te lo digo yo, que mido un escaso metro y medio.

El Show de la Splenda

22 Jul

Por Amanda Quintero (@AmandaIsabel87) .- En la era donde lo light, las costillas a la vista y el slim fit están de moda no podía faltar un elemento insignia de quienes viven a dieta: la Splenda. Este popular endulzante, pensado inicialmente para personas que sufren de diabetes, no es simplemente un truco secreto que usan las mujeres del siglo XXI para evitar las calorías del azúcar; él se ha convertido en un protocolo, una parafernalia, un elemento generador de placer y drama femenino: un show. Observemos.

Podría perfectamente llamarse “I can’t believe it’s not sugar” o simplemente edulcorante, mas le han puesto un nombre espléndidamente dirigido a un público femenino y de gustos estilizados: Splenda que suena como a Splendid –de espléndido en inglés-, ¿no?

Además, la Splenda no se sirve como el vulgar azúcar, en un tarro y con una cucharilla, ella viene en dispositivos elaborados o sobres estilizados en colores pasteles, fáciles de portar e ideales para llevar en la cartera. En polvillo de rápida disolución o en pastillitas, el proceso de servido pide a gritos ser notorio. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Existen dos tipos de consumidoras de Splenda –a parte de quienes efectivamente sufren de diabetes-: la fiel consumidora y su amiga come casquillo. La primera es la que llega a la cafetería y pregunta antes de ordenar que si hay Splenda, y de no haber le hace saber a todo el local que « ¿cómo es posible que no la tengan?», y más vale que quien la atienda no ahonde en sugerir azúcar como sustituto, porque de seguro recibirá un « ¡¿Qué?! ¿Te volviste loc@? Eso es lo que toman las gordas»; ella es la Splenda-freak, y por supuesto ella ordena primero. El segundo espécimen es la amiga que la acompaña, la Splenda-follower; a ella no le molestan las calorías del azúcar pero sin embargo no puede permitir que la Splenda-freak la llame «gorda» en público, así que le sigue la corriente y lo pide «con Splenda también, por favor».

Y está bien, quién no quiere ahorrarse unas calorías diarias en el café/té de media tarde, pero existe un tercer nivel para el show de la Splenda, el de los productos dietéticos endulzados con Splenda. Estos productos suelen ser insufriblemente dulces, o tristemente sintéticos, y sin embargo las Splenda-freaks los piden siempre que estén claramente identificados como productos ligeros. Y es que lo importante de este tercer nivel no es que te lo comas y te guste, sino que la gente te vea y se entere de que te lo comiste «Maritza, ayer me comí un dulce sin carbohidratos y sin azúcar» y «Dale, chama, es endulzado con Splenda» están en orden.

Pero ojo, Splenda-freak, está bien usar este endulzante para dietas puntuales tipo «me quiero quitar tres kilos» o algo por el estilo, pero no es un producto saludable para el consumo diario. Es divertido el show pero no vale la pena perder tu salud por ello, ¡hay muchos más dramas femeninos con los que nos podemos entretener! ¡Cuídate!

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